Ignifugaciones: no es una respuesta definitiva pero si una extraordinaria ayuda

Ignifugaciones

Al desear localizar o identificar el secreto del éxito de la raza humana, los factores más notorios encontrados serían, el cerebro que nos permite pensar de forma concreta y abstracta, las manos con pulgares oponibles, con las que manipulamos objetos y notoriamente, haber aprovechado el poder del fuego para nuestro beneficio. Controlarlo y saber defendernos del mismo, empleando tratamientos de ignifugaciones en lugares claves, resulta vital.

Y es que dentro de la increíble variedad de materiales que usamos, de origen vegetal, animal o mineral, básicamente no existe ninguno que sea por completo inmune al calor de las llamas, aunque se consigue un amplio rango de resistencia entre ellos.

Desde las piedras preciosas y joyas que meramente se llenan de hollín, pasando por los metales que a altas temperaturas empiezan a deformarse, hasta llegar a aquellos componentes tan sensibles y ricos en carbono como telas, plásticos y fibras de papel. Estos últimos se encienden aun con la llama de una pequeña vela, consumiéndose con pasmosa celeridad.

El que una sustancia tenga la propiedad de la ignifugidad no significa que está totalmente exento de ser alterado o consumido por el fuego. Sin embargo, sí que puede tardar más en encenderse, soportarlo por un cierto tiempo y apagarse con mayor facilidad.

Sabemos que no se trata de una medida perfecta de control y prevención, no obstante, en caso de incendios, ya sean pequeños y manejables con un extintor o de gran escala que consuman edificios, cada segundo que se pueda aprovechar para rechazarlos, extinguirlos y sacar a las personas del lugar es inmensamente valioso.

Afortunadamente, es posible aplicar técnicas físicas o químicas a textiles, plásticos, madera y estructuras de acero, de modo de maximizar la ventana de actuación en una emergencia. Demostrando que protegerse del filo de la espada es tan importante como saber usarla.

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